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Pide campos de campeonato: cómo cotizar un viaje de golf en Madrid sin pasarte de precio

Lago y calles de Golf Santander en Madrid: cómo cotizar un viaje de golf en Madrid sin pasarse de precio

Cotizar un viaje de golf en Madrid empieza casi siempre igual: con un email que llega un martes por la tarde y tiene tres líneas.

«Hola, somos ocho, queremos ir a Madrid en octubre, cuatro noches. Que sean campos de campeonato, por favor. ¿Nos pasas precio?»

Y ya está. Eso es todo lo que te han dado.

Tú lees «campos de campeonato» y haces lo que haría cualquiera con oficio: te vas a lo más grande que puedas reservar cuatro días seguidos. Montas la propuesta más alta que sabes montar, porque si te quedas corto quedas mal, y quedar corto con un grupo de ocho se paga durante años.

Mandas el precio el jueves.

El lunes te contestan tres palabras: «se nos va».

Y aquí está lo que más escuece. No perdiste por caro. Perdiste porque cotizaste una cosa que nadie te había pedido.

Porque «campos de campeonato» no es un brief. Es una frase que el cliente usa cuando quiere decirte algo que no sabe nombrar. Tu trabajo, antes de abrir el Excel, es averiguar qué.

Al final de esto tienes seis preguntas que caben en un email de treinta segundos. Y una de las seis mueve el precio más que las otras cinco juntas. Te digo cuál cuando lleguemos, porque no se entiende sin lo de en medio.

Por qué cotizar un viaje de golf en Madrid castiga más el brief vago

Empiezo por reconocerte algo, porque es verdad y porque explica el resto.

Que cotices por arriba cuando no tienes información no es pereza. Es memoria. En algún momento de tu carrera te quedaste corto con un grupo, el cliente lo notó al llegar, y esa conversación no se te ha olvidado. Cotizar alto es la cicatriz de haberlo hecho bien alguna vez y haber pagado por hacerlo mal otra.

El problema es que en Madrid esa cicatriz te sale especialmente cara.

En un destino de resort, cotizar por arriba tiene un techo. Hay tres campos, dos son del mismo complejo, y la diferencia entre la propuesta cara y la razonable es estrecha. Te pasas un poco y sigues en juego.

Madrid no funciona así. Hay más de una docena de campos repartidos por la corona metropolitana, con reglas de acceso distintas, condiciones distintas y perfiles muy distintos. La horquilla entre la propuesta más cara que puedes montar y la que el cliente quería de verdad es enorme.

Y hay una trampa añadida que solo tiene Madrid. Los nombres que un golfista extranjero ha oído alguna vez, esos que suenan a «campeonato» desde fuera, son en buena parte clubes privados que no admiten visitantes. No es que estén caros. Es que no se pueden comprar.

Así que si cotizas la palabra literalmente, o cotizas algo que no puedes entregar, o cotizas lo más caro que sí puedes entregar. Las dos salidas son malas.

Las tres cosas distintas que pide el que dice «campeonato»

Llevo quince años leyendo esa frase en emails y siempre significa una de estas tres. Nunca las tres a la vez, aunque el cliente crea que sí.

Uno: quiere un nombre. Quiere volver al club y poder decir dónde ha jugado sin tener que explicar dónde está. Lo que compra es la conversación del vestuario, no el campo. Este cliente necesita un campo con historia y le da bastante igual que el resto de la semana sea más discreto.

Dos: quiere que le pongan a prueba. Es el jugador de hándicap bajo del grupo, normalmente el que organiza, y lo que teme es aburrirse. Quiere longitud desde barras de atrás, rough de verdad y greens rápidos. Lo que compra es dificultad medible.

Tres: quiere condición. Y esta es la respuesta real la mayoría de las veces, aunque casi nadie la formule. Ha estado en un viaje de golf donde los greens estaban pinchados, los bunkers duros y las calles peladas, ha pagado lo mismo que si estuvieran perfectos, y no quiere que le vuelva a pasar. Lo que compra es que el campo esté impecable el día que él juega.

Fíjate en lo que acaba de pasar. De las tres, la tercera es la más fácil de garantizar y la que menos condiciona la selección. Un campo en condición excelente en octubre en Madrid no es una rareza: es lo normal, porque octubre es de los mejores meses del año aquí.

Cuando el cliente que quería condición recibe una propuesta construida para el cliente que quería nombre, la lee y piensa que le estás vendiendo prestigio que él no pidió. Y se va con quien le entendió.

Las seis preguntas antes de abrir el Excel

Esto no es un cuestionario. Es un email de seis líneas que se manda el mismo día que entra la petición, y que además te posiciona: el que pregunta bien parece que sabe, porque efectivamente sabe.

1. ¿La palabra «campeonato» la ha dicho el grupo o la has puesto tú?

Muchas veces quien te escribe es el organizador, no el que decide. Ha traducido a su manera lo que le dijeron en el chat del grupo. Si la frase es suya y no del grupo, tienes mucho más margen del que crees.

2. ¿Qué han jugado en los últimos tres años?

Esta es la pregunta que más información devuelve por carácter escrito. «Campeonato» siempre es relativo al último viaje. Un grupo que viene del Algarve y un grupo que viene de Escocia están usando la misma palabra para dos cosas que no se parecen en nada. Con dos o tres nombres, calibras la referencia entera.

3. ¿Hándicaps reales, del más bajo al más alto?

No preguntes «el nivel del grupo», que te van a contestar «medio». Pide los números. Si el más alto es 28, la dificultad deja de ser un argumento y pasa a ser un riesgo: ese señor va a jugar cinco horas y media y va a volver a casa hablando mal del viaje.

4. ¿Van a caminar o quieren buggy?

Parece logística y es criterio. El grupo británico o nórdico que lleva cuarenta años caminando dieciocho hoyos te está diciendo, sin decirlo, qué tipo de campo quiere y qué desniveles tolera. Y te evita la queja del primer día, que es la que contamina la semana entera.

5. De los cuatro días, ¿cuál es el día importante?

Guárdate esta. Vuelvo a ella en un minuto.

6. ¿Quién paga y quién elige?

Si el que organiza no es el que paga, la propuesta tiene que convencer a dos personas con criterios distintos. Y si son ocho pagando cada uno lo suyo, tu propuesta va a pasar por un chat de WhatsApp donde alguien va a decir «esto es mucho». Eso se anticipa escribiendo la propuesta para que aguante ese chat.

La pregunta que mueve el precio: cuál es el día importante

Aquí está la que te debía.

Ningún grupo de ocho recuerda cuatro campos. Recuerda uno. El del día que sacaron la foto, el del día que hubo apuesta, el del día que alguien hizo el mejor golpe del viaje.

Los otros tres días no son relleno. Son golf bueno, que es exactamente lo que quieren, pero no son la foto.

Cuando cotizas cuatro días de campo insignia, estás pagando cuatro veces por una cosa que solo se consume una vez. Y el cliente lo nota, aunque no sepa explicarlo: ve una cifra grande y no ve un viaje, ve una lista de cuatro cosas caras seguidas.

Cuando cotizas un día grande y tres días buenos, pasan tres cosas a la vez.

La primera, que el precio entra en el rango donde el grupo dice que sí sin reunirse otra vez.

La segunda, que tu propuesta tiene forma. Hay un día que destaca, y eso se lee como criterio en lugar de como catálogo.

La tercera, y esta es la que te da de comer el año que viene: el grupo vuelve. Porque quedó algo por jugar. El que se lo come todo en un viaje no tiene motivo para repetir destino.

En Madrid esto se monta bien porque hay material para las dos cosas. Tienes campos con nombre y firma, como Golf Santander, un Rees Jones a veinte minutos del centro. Tienes la casa de la Federación, el Centro Nacional, donde Jon Rahm ganó el Open de España en 2018, que es exactamente el tipo de dato que tu cliente repite en el vestuario. Y tienes campos sólidos alrededor para los otros días, con traslados de veinte a cuarenta y cinco minutos según la hora.

La combinación existe. Lo que hay que decidir es en qué día pones el peso, y eso no se decide sin preguntar.

Cómo se lo cuentas al cliente sin sonar a que le bajas el viaje

Este es el punto donde muchas agencias se atascan. Han entendido el argumento, pero temen que proponer un solo campo insignia suene a recorte.

No suena a recorte si lo cuentas en este orden.

Primero el día grande, con nombre y con motivo. «El jueves jugáis X, y lo he puesto en jueves porque es el día que mejor está el campo y porque llegáis descansados.»

Segundo, los otros tres días descritos por lo que aportan, no por lo que cuestan. Uno más corto para el primer día, cuando el grupo llega con vuelo y sin calentar. Uno con más viento o más agua para el que quería dificultad. Uno cerca del hotel para el día que van a querer comer sin prisa.

Tercero, y solo tercero, el precio.

Un viaje de golf se juzga por sensación de criterio, no por número de campos caros. La propuesta que explica por qué cada día está donde está gana a la propuesta que solo apila nombres. Siempre.

Y si aun así el cliente quiere los cuatro días grandes, perfecto: se los montas y se los cobras. Pero entonces es una decisión suya, tomada con información, y no un margen que te has puesto tú por miedo a quedarte corto.

El resumen que puedes copiar hoy

Cuando entre un brief de tres líneas con la palabra «campeonato» dentro, no abras el Excel.

Manda seis preguntas. Quién dijo campeonato. Qué han jugado en tres años. Hándicaps con números. Caminar o buggy. Cuál es el día importante. Quién paga y quién elige.

Con esas seis respuestas sabes si te están pidiendo un nombre, dificultad o condición. Y con eso montas un día grande y tres días buenos, en lugar de cuatro días caros que nadie pidió.

Tardas medio día más en mandar la propuesta. Y dejas de perder grupos por un precio que te pusiste tú solo.

Esta es la misma lógica que aplico cuando el hotel entra en la ecuación, porque en Madrid el alojamiento decide qué campos puede jugar tu grupo. Y es la misma cuenta que hay detrás de dónde está de verdad la rentabilidad de un grupo de golf: no en la comisión, sino en las horas que no vuelves a repetir.

Si quieres el guion entero

Tengo las seis preguntas en un email tipo, listo para reenviar tal cual cuando te entre un brief vago, y la selección de campos de Madrid ordenada por lo que resuelve cada uno: nombre, dificultad o condición.

Escríbeme a info@globalhemisphere.com con las fechas y el número de jugadores que tengas sobre la mesa y te devuelvo el guion y la selección, aplicados a ese grupo concreto.

Sin presentación y sin llamada de media hora. El email y ya.

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La misma que uso yo con los grupos de Casa de Campo®, Madrid, Panamá, Lanzarote y Playa Granada. En PDF, directa al grano.









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