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La rentabilidad de un grupo de golf no está en la comisión. Está en tus horas.

Son las nueve y media de un jueves y sigues con el mismo grupo

Doce jugadores. Cinco noches. Lo abriste el lunes y ya vas por el correo catorce.

El hotel contestó ayer con una tarifa que caduca el viernes. El campo te ha mandado la parrilla del año pasado. El transferista pide números de vuelo que todavía no existen, porque el cliente no compra los billetes hasta que tú le des un precio.

Cierras el portátil. El grupo va a salir. Lo vas a sacar, como siempre.

Lo que no has calculado es lo que te va a pagar. Ahí está el problema: la rentabilidad de un grupo de golf no aparece en ninguna de esas catorce respuestas.

Al final de este artículo vas a poder hacer una cuenta de un minuto sobre tu último grupo. Te aviso ya: a casi ninguna agencia que la hace le gusta el resultado.

Por qué la rentabilidad de un grupo de golf no aparece en tu Excel

Tu hoja de cotización mide una sola cosa. Precio de venta menos coste. De ahí sale tu número.

Y ese número casi siempre es bueno. Un grupo de golf tiene ticket alto, tiene noches, tiene extras. Comparado con una semana de playa, la comisión bruta es la envidia del catálogo.

Por eso nadie sospecha nada.

Lo que la hoja no tiene es una columna de horas. Y las horas de un grupo de golf no se parecen a las de ningún otro producto que vendas.

Una escapada de ciudad son dos correos y una confirmación. Un crucero es un formulario. Un grupo de golf son nueve proveedores con nueve tiempos de respuesta distintos, y ninguno te contesta el mismo día.

El margen está en la hoja. El coste está escondido en tu agenda.

La cuenta que casi nadie hace: divide la comisión entre las horas

Coge tu último grupo de golf. El que cerraste, no el que se cayó.

Apunta lo que te dejó limpio. Comisión bruta, menos lo que se comieron las gestiones que no facturas: la llamada del sábado, el cambio de habitación, el jugador que se dio de baja a diez días de volar.

Ahora apunta las horas. Todas. Las de cotizar, las de perseguir, las de reconfirmar, las del WhatsApp del organizador a las once de la noche.

Divide.

Hagamos el ejercicio con números redondos, para que se vea bien. Grupo de doce, cinco noches, dos campos. Venta de 30.000 euros. Comisión del 12%. Tres mil seiscientos euros. Suena a buen negocio.

Ahora las horas.

Seis de cotización y recotización, porque el grupo creció de diez a doce y la tarifa cambió. Cuatro persiguiendo confirmación de tee times. Tres de rooming list, cambios y nombres mal escritos. Dos de traslados. Tres de seguimiento con el organizador desde que reservó hasta que voló. Dos de posventa, facturas y una reclamación pequeña.

Veinte horas. Ciento ochenta euros la hora.

Y ahora la parte incómoda: eso es si el grupo sale. Si se cae en octubre, esas veinte horas ya te las has comido tú.

Multiplica por los grupos que cotizas y no cierras. La media del sector no te la voy a inventar, pero la tuya la sabes. Si cierras uno de cada tres, tus ciento ochenta euros la hora se convierten en sesenta.

Sesenta euros la hora por el producto más caro de tu catálogo.

Dónde se van las horas de verdad

Cuando una agencia hace esta cuenta por primera vez, casi siempre se sorprende por lo mismo. Creía que el tiempo se le iba en vender. Se le va en esperar.

Estas son las cuatro fugas que más veo.

La recotización. El grupo crece dos habitaciones, que es la mejor noticia que te pueden dar en todo el mes, y descubres que la tarifa que ya diste no aplica por encima de diez. Vuelta al hotel. Vuelta al cliente. Y una conversación incómoda de regalo.

El silencio. Pides disponibilidad un martes y te contestan el viernes. No has trabajado, pero tampoco has podido cerrar. Ese hueco no aparece en ninguna hoja de horas y es justo donde se pierden los grupos. Ninguna agencia pierde una venta por el precio; la pierde por tres días de silencio.

Lo que no sabías que había que preguntar. Que ese club no admite jugadores externos los viernes. Que el caddie es obligatorio, va aparte y se paga en efectivo. Que esa fecha no está cerrada del todo, está cerrada a llegadas, y moviendo el vuelo veinticuatro horas entra el grupo entero. Cada dato que no tienes es un correo de ida y vuelta de tres días.

La posventa. El cargo que aparece cuatro meses después por un no-show del que nadie te avisó. Eso ya no son horas de venta. Son horas de discutir.

No todos los grupos de golf te rentan igual

Otra cosa que sale de la cuenta anterior, y que casi nadie mira: el precio de venta no predice la rentabilidad. El tipo de grupo, sí.

El grupo repetidor es el más rentable de largo. Mismo organizador, mismo destino, mismas fechas del año pasado. La segunda vez te cuesta un tercio de horas que la primera, y la comisión es idéntica.

El grupo mixto con acompañantes que no juegan es el que más se cae en casa, antes de llegarte a ti. No porque el golf sea caro, sino porque el que no juega no ve qué hace durante cuatro días. La mayoría de los grupos no se caen por precio, se caen por plazas que faltan y por dudas que nadie resolvió.

Y luego está el jugador suelto, el FIT, que casi todo el mundo ignora por perseguir grupos. Un tee time individual se resuelve en un correo. No tiene rooming, ni traslados, ni bajas, ni organizador. Es el negocio más rentable por minuto invertido de todo el golf, y suele ser la puerta de entrada a un cliente corporativo que después te trae a once más.

El error de arreglarlo bajando el precio

Aquí es donde la mayoría se equivoca de palanca.

El grupo se resiste, el organizador dice que se le va de presupuesto, y tú haces lo único que puedes hacer sola: tocarte la comisión.

Entra la reserva. Enhorabuena. Acabas de vender más y ganar menos, y las veinte horas siguen exactamente donde estaban.

Bajar el precio no mejora la rentabilidad de un grupo de golf. Empeora el numerador de la cuenta que acabas de hacer y deja el denominador intacto.

La palanca no es el precio. Es el denominador.

Las siete preguntas antes de decir que sí a un grupo de golf

Esto lo puedes usar hoy, en la próxima petición que te entre. Siete preguntas que se contestan antes de abrir el Excel. Con las siete respuestas encima de la mesa, un grupo baja de veinte horas a menos de ocho.

  1. ¿Cuántos son y cuántos pueden llegar a ser? Pide la tarifa con horquilla desde el primer día: diez, dieciséis, veinte habitaciones. Que el grupo crezca no puede obligarte a recotizar.
  2. ¿Qué presupuesto por cabeza tiene el organizador en la cabeza? No el que te dice. El que va a tener que escribir en el correo a sus socios. Sin ese número trabajas a ciegas.
  3. ¿Cuántos juegan y cuántos no? El acompañante que no coge un palo decide más viajes de los que crees, y decide antes que el golfista.
  4. ¿Qué está bloqueado y qué es tentativo? Que te lo digan por escrito antes de que tú se lo mandes al cliente. Una cotización no es una reserva: es una intención con un número al lado.
  5. ¿Qué NO incluye el paquete? Caddies, propinas, buggies, dress code, sets de alquiler, días cerrados a externos. Los datos más aburridos del sector son los que desbloquean la reserva y los que te ahorran la reclamación de vuelta.
  6. ¿Quién responde en destino un domingo? Si la respuesta es «el hotel», no tienes respuesta.
  7. ¿Cuánto tardan en contestarte? Esta es la que nadie pregunta y la que más vale. Un proveedor que contesta en veinticuatro horas te deja más dinero que uno que te da dos puntos más de comisión.

La séptima es la importante. Léela otra vez.

Qué cambia cuando el montaje deja de ser tuyo

Vuelvo a una conversación real de este verano. Un product manager de un turoperador británico me escribió para decirme que las villas de gama alta las tenía «en mente para el futuro». Se le había ido el compañero de al lado y llevaba dos carteras.

En mente para el futuro quiere decir en ningún sitio.

No había aparcado el producto caro porque no se vendiera. Lo había aparcado porque no le daba la vida.

Con ese calendario, el producto que se vende solo le gana siempre al producto que hay que montar. Aunque el segundo deje el triple. Eso no es un fallo suyo: es aritmética.

Lo que yo hago con las agencias es quitar horas de esa cuenta. Una sola interlocutora para los cinco destinos, tarifas que aguantan cuando el grupo crece, y las respuestas operativas antes de que tengas que preguntarlas.

Tú mantienes tu cliente, tu marca y tu margen. Lo que sueltas es perseguir a nueve proveedores. Aquí está cómo trabajo con agencias y turoperadores.

Y una cosa más, porque conviene decirla. Si vendes golf, ya estás montando el viaje más difícil de todo tu catálogo. Nadie coge un grupo de golf por pereza. Lo que te falta no es criterio ni ganas. Te faltan horas.

Haz la cuenta con tu último grupo

Comisión limpia, dividida entre horas reales, ajustada por los grupos que cotizaste y no cerraste.

Si el número te sale por debajo de lo que te paga vender una semana de playa, no tienes un problema de destino. Tienes un problema de montaje.

Escríbeme a info@globalhemisphere.com con las fechas y el número de jugadores de tu próximo grupo, y te devuelvo la cotización con la horquilla de habitaciones ya puesta, para que no tengas que recotizar si crece.

Es el correo que te ahorra las seis primeras horas.

Recurso gratuito para agencias

La checklist de 7 piezas para llenar un grupo de golf

La misma que uso yo con los grupos de Casa de Campo®, Madrid, Panamá, Lanzarote y Playa Granada. En PDF, directa al grano.









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